Una gota recorrió mi cara hasta caer al suelo. No tenía tiempo de secarme el sudor. Tenía que mantenerme concentrado, no podía desviar la vista. Un segundo de despiste y todo lo que había conseguido en este tiempo se iría al traste. No era el momento de recordar lo mal que lo estaba pasando. En poco tiempo mi vida había cambiado mucho, antes era feliz, reía, me levantaba cada día con buen pie, dormía por las noches, no tenía pesadillas.... pero todo eso cambió de la noche a la mañana. Un día me levanté distinto, sin ganas de luchar, como si mi cuerpo pesara mucho más y que cada paso que daba por la vida me costara más de lo habitual.
Pero no, no era el momento de pensar en ello. Se acercaban, no podía evitarlo y todo dependía de mi.
Cuando me enfundo los guantes es como si durante ese corto periodo de tiempo que los llevo puestos mi mente no recordara nada de lo que había vivido, y los malos momentos que atormentan mi mente se esfumaran. Por eso no quería que acabara todavía, y menos cuando todavía quedaba tiempo, tenía que seguir así, concentrado.
Ya llegaban.... el cielo estaba cubierto, sentía que la gente empezaba a gritar, que estaba a punto de sonar el silbato, pero lo único que escuchaba era el latido de mi corazón ... me coloqué bien los guantes.... y salí a su encuentro. Estaba preparado, sabía que podía pararlo. Muchos no confiaban en mi, pero eso no me importaba, tenía que tener confianza en mí mismo.
En mi mente solo cabía una cosa, parar ese balón .... luego... que vuelvan a mí todos esos miedos, pero en ese momento lo único que tenía que pensar era en parar ese balón.....
No hay comentarios:
Publicar un comentario